Una vez más, debo decir que, la danza para mi ha sido una forma poderosa, significativa y visceral de conectar con mis emociones… y el hecho de reconocerlas, me ha ayudado a que heridas inconscientes, sanen y se reconozcan. Por otro lado, no es fácil conectar y reconocer nuestras emociones, si no tenemos la costumbre de «sentirnos», por lo que es importante reconocer algunos puntos claves, como los que te menciono a continuación:
El cuerpo como lienzo emocional:
- Movimiento y sensación: Cada emoción tiene una manifestación física, por ejemplo; la alegría puede sentirse como con ligereza y al mismo tiempo con energía, la tristeza más como pesadez y encogimiento, la ira puede sentirse como tensión y rigidez. Al mover nuestro cuerpo libremente, sin juicios, permitimos que estas sensaciones se expresen.
- Conciencia corporal: La danza nos invita a prestar atención a las sutilezas de nuestro cuerpo, ya sea en la tensión de los hombros, el ritmo de la respiración, la postura, entre otras… Por lo que estas señales físicas son pistas directas de nuestro estado emocional.
El movimiento como lenguaje:
- Expresión no verbal: La danza trasciende las palabras, es así; como a través de la calidad del movimiento (fluido, brusco, ligero, pesado), la velocidad, la amplitud, la dirección y la forma del cuerpo, podemos dar forma visible a lo que estemos sintiendo.
- Metáforas corporales: Los movimientos, pueden convertirse en hermosas metáforas de nuestras emociones. Un movimiento ascendente puede representar esperanza, uno descendente tristeza, un movimiento errático confusión, y así el movimiento nos puede ayudar a expresar y comunicarnos.
La improvisación y la exploración:
- Libertad de expresión: La danza improvisada nos libera de la estructura y la coreografía, permitiéndonos explorar movimientos que surgen espontáneamente de nuestro interior y la magia de todo esto, es cuando en este espacio íntimo, único e irrepetible, nuestras emociones pueden lograr emerger sin ningún tipo de filtros.
- Descubrimiento: Al movernos sin una meta u objetivo predefinido, podemos llegar a sorprendernos por los movimientos que emergen y las emociones que acompañan, estas instancias exploratorias, pueden llegar a revelar sentimientos que no éramos conscientes de tener, por lo que es aquí cuando ocurre la magia.

La conexión con la música:
- Disparador emocional: La música tiene una capacidad increíble para evocar emociones. Al bailar con la música, permitimos que sus ritmos, melodías y armonías resuenen con nuestros propios estados internos, facilitando la identificación de lo que sentimos.
- Sincronización emocional: La música puede intensificar o suavizar nuestras emociones, y el movimiento se convierte en una forma de diálogo con la experiencia sonora. Es importante entender, que una misma música puede causar diferentes emociones en distintas personas.
La observación y la reflexión:
La observación y la reflexión nos permiten e invitan, a tomar conciencia de la conexión entre movimiento y emoción. A través de la práctica constante de la danza, podemos desarrollar una mayor inteligencia emocional, aprendiendo a escuchar y comprender las señales que nuestro cuerpo nos envía sobre nuestro mundo interior.
Mirarse a uno mismo: Te invito a bailar frente a un espejo, puede ofrecer una perspectiva externa de cómo se manifiestan nuestras emociones a través del movimiento.
Reflexión post-danza: Después de bailar, tomate un momento para reflexionar sobre las sensaciones y los movimientos realizados, ya que esto puede ayudar a conectar conscientemente la experiencia física con las emociones sentidas.
Finalmente… la danza nos ayuda a reconocer nuestras emociones porque:
- Nos conecta con las sensaciones físicas que acompañan a cada emoción.
- Nos ofrece un lenguaje no verbal para expresar lo que sentimos.
- Crea un espacio de libertad y exploración donde las emociones pueden surgir espontáneamente.
- La música actúa como un catalizador emocional y un compañero de expresión.

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Cariños, Doris Cerón Apablaza.